sábado, 27 de diciembre de 2014

Dís 28: herida x.

Y estos son los momentos en los que quiero más. Quiero que alguien se sepa mis marcas de nacimiento, o los lunares que tengo en el hombro izquierdo que pueden convertirse en una sonrisa con tan solo un rotulador. Que consigan dibujarme esa sonrisa con tan solo mirarme, y que me hagan sentir más siendo que tocando. Siendo conmigo, siendo a mi lado, siendo en mi, siendo en cualquiera de sus variantes utilizando la primera persona del plural, y mejor en presente, porque el pasado pesa y el futuro agobia. 
Quiero subir escalones y tropezarme. Caerme en su pecho y suspirar. Que me diga que todo irá bien, convencido, aunque ni él mismo se lo crea. Poder confiar y no morir en el intento, y si fallo que sea una apuesta, y que sea un beso lo que está en juego. 
Quiero mirar y perderme quieta. Que me mire y explotar por dentro como fuegos artificiales a las cinco de la mañana. Sentir el aire de un huracán y la altura de un rascacielos, y poder saltar sin paracaídas. Quiero poder arriesgar aún sabiendo que voy a perder, porque por amor hay que darlo todo, incluso los restos que creías inútiles de tu corazón. 
Quiero caminar descalza por su carretera, aunque hayan cristales rotos de las botellas que nos bebimos mientras discutíamos el precio de las despedidas. 
Quiero despedirme sabiendo que voy a volverle a ver. No de la misma manera, pero sí con el mismo espíritu. Quizá con unas margaritas en la mano, plantado en una estación de tren, o en un aeropuerto. O quizá con los pelos sin orden, porque esa noche han pasado de las normas que te imponen en el colegio. Me da igual el formato en el que venga y el decorado de la caja, pero eso sí, que lo de dentro sea auténtico.
Realmente, solo quiero querer y, a poder ser, que me quieran.

jueves, 18 de diciembre de 2014

Dominó.

Tenías la ternura de un niño en el brillo de tus ojos, y tu sonrisa era más bonita que el cielo nocturno visto desde el bosque más oscuro, con sus mil estrellas, con sus mil luces. Menos de las que tú me hacías ver cuando me abrazabas.
Solo sonreías conmigo, aunque yo estuviera del revés, en el sofá que tanto formó parte de nosotros.
Se puede decir que no río con facilidad, pero contigo no eran ríos, eran océanos los que me provocabas a cosquillas. Y mejor no hablar de las tempestades que pasé bajo tu pecho.
Surgiste de la nada, y resurgiste, pero como todo en la historia de la humanidad, acabas, tienes fin, o, más bien, te lo crean. Como el Titanic y su iceberg, como la Atlántida y su tsunami.
La vida es un continuo caer y levantarse. Alguien tiró la primera pieza de dominó, y aún no han dejado de desplomarse, pero aunque aplasten sin piedad, como el amor, hay que limpiarse el polvo y ponerse en pie, y lo mejor es que eso significa que habrás sumado puntos en el juego de la vida.
Cae, levántate y sigue sin mirar atrás, ese es el truco.

martes, 21 de octubre de 2014

Polvos mágicos.

Los ases que tenía en la manga se han quemado, la suerte del trébol de cuatro hojas que guardaba en la cartera se ha perdido, los polvos de hada creo que se los esnifó algún amigo que pasaba de pasada por mi casa, por mi vida, por mí. 
La magia de la infancia se quedó en el suelo junto con mi sangre, hablo de la que cayó, o más bien tiré, al caerme con la bicicleta a los diez años. Ahora busco esa fantasía en la noche, no soñando, pero intentándolo. Soñar no creció conmigo, yo salté de la cuna antes y él no me siguió. 
Los dulces me siguen encantando, pero no los caramelos, prefiero el azúcar de unos buenos labios mezclados con un poco de alcohol, me da igual que sea del barato. 
Ahora la finalidad principal es olvidar y reír entre copas, vivir todo lo que no disfrutamos sobrios. ¿Qué para qué sirve una buena botella? Para evadirse del rutinario no-sé-quién-soy-ni-adonde-voy. 
Nos tomamos la pastilla de agrandamiento, la de Alicia en el País de las Maravillas, en dosis importantes, y luego viene el problema de crecer tan rápido que te estampas con la realidad con la misma velocidad, que no es poca. 

domingo, 28 de septiembre de 2014

Anhelo de sensaciones.

Y estos son los momentos en los que quiero más. Quiero que alguien se sepa mis marcas de nacimiento, o los lunares que tengo en el hombro izquierdo que pueden convertirse en una sonrisa con tan solo un rotulador. Que consigan dibujarme esa sonrisa con tan solo mirarme, y que me hagan sentir más siendo que tocando. Siendo conmigo, siendo a mi lado, siendo en mi, siendo en cualquiera de sus variantes utilizando la primera persona del plural, y mejor en presente, porque el pasado pesa y el futuro agobia. 
Quiero subir escalones y tropezarme. Caerme en su pecho y suspirar. Que me diga que todo irá bien, convencido, aunque ni él mismo se lo crea. Poder confiar y no morir en el intento, y si fallo que sea una apuesta, y que sea un beso lo que está en juego. 
Quiero mirar y perderme quieta. Que me mire y explotar por dentro como fuegos artificiales a las cinco de la mañana. Sentir el aire de un huracán y la altura de un rascacielos, y poder saltar sin paracaídas. Quiero poder arriesgar aún sabiendo que voy a perder, porque por amor hay que darlo todo, incluso los restos que creías inútiles de tu corazón. 
Quiero caminar descalza por su carretera, aunque hayan cristales rotos de las botellas que nos bebimos mientras discutíamos el precio de las despedidas. 
Quiero despedirme sabiendo que voy a volverle a ver. No de la misma manera, pero sí con el mismo espíritu. Quizá con unas margaritas en la mano, plantado en una estación de tren, o en un aeropuerto. O quizá con los pelos sin orden, porque esa noche han pasado de las normas que te imponen en el colegio. Me da igual el formato en el que venga y el decorado de la caja, pero eso sí, que lo de dentro sea auténtico.
Realmente, solo quiero querer y, a poder ser, que me quieran. 

miércoles, 11 de junio de 2014

Enamor|arte|.

Querer es atreverte a tirarte por un precipicio cogida de la mano de tu compañero de guerras. Si tienes miedo a las alturas no te lances a amar, que la distancia de su cama al suelo te mareará. Y si no tienes suficiente fuerza como para agarrarle la mano y no separaros hasta el final, mejor no le hagas creer que siempre estaréis juntos, porque en contra de tus miedos es inútil luchar, y es que cuando tienes las cosas claras y quieres de verdad los miedos pasan a un segundo plano, se convierten en los escalofríos que te recorren todo el cuerpo, desde la punta del dedo meñique del pie hasta el lóbulo de la oreja, donde te susurran te quiero, algún gemido o varios mordiscos. En ese momento los miedos dejan de ser lo que nos impedía enamorarnos y empieza a ser nuestro helado favorito, el cual compartimos una tarde de agosto, y que nos enfría las ganas de poseernos en la misma playa que nos ilumina la sonrisa de enamorados. Y es que parecemos idiotas. No podemos dejar de sonreír o de besarnos. Y me enfado porque me manchas la mejilla de chocolate, y lo usas de excusa para besarme, pero me aparto. Odio que me manchen. Y me cruzo de brazos y cojo una rabieta como si tuviera tres años y mi padre no quisiera jugar conmigo a las princesas. Tú me miras y sonríes pícaramente, piensas en comerme, y en quitarme el enfado a besos cargados de ganas. Pasan unos segundos, me abalanzo sobre ti y te mato a cosquillas y a algún que otro excitante. Ya no hay miedos en sus tonos más oscuros, ahora son miedos pintados de rojo, como nuestras mejillas. Les han subido los colores, la vergüenza y la temperatura. Esa tarde de verano ronda los 27 grados pero nosotros estamos fríos por el agua salada que moja nuestros pies y calientes por dentro, todo culpa de mi guerrero del precipicio. Me ha hecho saltar, bueno, he saltado porque he querido, porque le he querido. Ahora no visto miedos, visto deseos e ilusión. Me he dejado querer, he aprendido a quererme y me he dejado llevar, me he enamorado. 

domingo, 1 de junio de 2014

Besos de loro en tu cuello.

Contigo los domingos son menos finales y más principios. 
Los semáforos se ruborizan, poniéndose rojos solo para que nos besemos. Las esperas en tus labios son más rápidas, y cuanto más rápidas más aumentan mis ganas por abrazarte, como una regla de tres directamente proporcional. 
Los silencios sin tus palabras, ni las mías, son relajantes, pero nuestro nerviosismo interno prosigue, y aunque parece pacífico, está esperando el despiste del contrario para comerle a besos y gritarle a su corazón que le quiere. 
Nuestra libertad compartida es más libertad que la de muchos otros que la buscan solos, perdidos y creyentes de una realidad falsa. No eres libre hasta que no amas sin prejuicios, abrazas con fuerza cada traspiés y besas cada uno de sus fallos. Y esa libertad nos hace respirar, y suspirar, y aspirar, e inhalar el vaho del espejo que se queda empañado tras una ducha caliente de sentimientos y en el que dibujamos nuestras iniciales envueltas por un corazón, imperfecto, como nosotros. 
Las risas entre cosquillas, o en medio de gritos, esas que despiertan a medio vecindario los martes a las tres de la madrugada o las que provocan que me caiga de la comisura de tus labios y acabé en la cama llorando a carcajadas. Reír contigo es diferente, es una risa compartida, sana, mejor que los medicamentos y tratamientos de cualquier hospital. 
Y a estas alturas aún planeamos escapadas, y luchas de piratas patapalo que tienen un loro en el hombro que dice 'al ataque, al ataque'. Yo no necesito un pájaro de colores, ni una alarma, para atacar a tu cuello cuando miras a un lado y otro de la calle buscando una flor con la que sacarme una sonrisa. Aunque quizás sí necesite un despertador, para lanzarlo contra la pared cada vez que algo no nos sale bien, y así parar el tiempo o maldecirlo por avanzar cuando estoy contigo. 
Porque si te enamoras bien, lo haces hasta la médula, y ya pueden haber sabotajes al barco, que aunque sea con un millón de tapones de corcho de las botellas que dejamos vacías los viernes, taparemos los agujeros de bala del casco y seguiremos naufragando los siete mares (lunes, martes, miércoles, jueves, viernes, sábado y domingo), con paradas en cada puerto pero sin amantes en cada esquina, bueno, uno sí, tú en la esquina de tu cama. 

miércoles, 23 de abril de 2014

Dispárame.

No dejes que me hagan daño. Hiéreme tú disparando 'te quiero's reales con la pistola en forma de corazón que tienes en el pecho, justo al lado de esas tres pecas tan graciosas que forman un triángulo. Pero más peligroso que el triángulo de las Bermudas, porque aquí me pierdo cada noche desde que me sonreíste aquella noche en ese bar tan peculiar. 
Entraste con los típicos aires de 'me voy a comer el mundo' que tanto te caracterizaban. Mirabas a cada una de tus "presas" y, aunque alguna se llevó tres o cuatro segundos de tus ojos, sin saber la razón, te paraste en mi. Desde ese momento todo fue una locura, un descenso continuo en la montaña rusa. 
Empecé a hacerme la dura para que bajaras esa prepotencia que tan poco me gustaba. Pero tú te mantenías firme, en tus trece. De pronto un día me deje llevar por las sorpresas, por los sentimientos y por ti. Fuiste mi perdición, pero a la vez mi salvación. 
Te enseñé a coser, y cada noche me arreglabas un poquito de mi alma desgarrada. Usabas una aguja transparente que me atravesaba la cintura y el ombligo, y notaba cada pinchazo de ternura en mi estómago. El hilo no era de los que de rompen fácilmente, porque tú decías que las cosas si se hacen, se hacen bien. 
Sabías como hacerme ser niña de un solo chico. Como cuando me dabas a probar tus helados de chocolate y, en vez de probar aquel sabor, te probaba a ti, que me robabas la propiedad de mis labios en unas milésimas de segundo. 
No todo era ternura y tranquilidad, también teníamos nuestros ataques de amor descontrolado. Tus besos en el cuello y mis mordiscos por tu oreja, esos eran los que empezaban la guerra. Eramos tú contra mi, en una batalla a campo abierto, desde la entrada de tu casa hasta el final de tu cama. Nuestras únicas armas, nuestros cuerpos, y no necesitábamos más. Lo bueno de aquello era que siempre ganábamos, no existían perdedores. Los mejores premios eran recuerdos, que aún guardo entre las páginas de mi corazón, como flores ya marchitas que quieres recordar la primera cita y el primer beso, pero que aún tienen aroma a añoranza, a amor, a besos y a pareja. El olor es dulce, no tanto como el azúcar, pero parecido al del chocolate negro de la marca de tus labios. 

Quémame la espalda con besos madrugadores.

Te odio tanto. Te odio a muerte, a muerte de besos y de 'te quiero'. A tardes de mordiscos en el cuello y no tan en el cuello. A caricias por mi espalda y a calores, peores que los del café recién hecho, pero que espabilan que da gusto. Ni lavarse la cara, mejor lavarse el alma con duchas de agua fría, pero tú siendo mi jabón y yo tu agua. Salgamos abrazados y envueltos en la toalla de la pasión, para que el frío no congele nuestras ganas, y bueno, tampoco nuestros corazones. Cantemos con nuestro propio código secreto. Salpiquemos pasión por cada costado. Despidamos al sol y saludemos a la luna, o viceversa. Y al final márcame como si de una pieza de ropa de niño de guardería se tratase, para saber que tiene dueño y si me pierdo saber de donde vienen esas lágrimas de amor, y de melancolía. También para poder reclamarte mi corazón pon tu número de teléfono en alguna parte de mi o tatúame tu nombre y apellidos con saliva, en el pecho, para que cada vez que me mire en el espejo me acuerde de ti, y vea sobre mi sujetador, en que tanto desabrochabas, las iniciales de nuestro amor de verano, que se alargó varios solsticios. 

viernes, 18 de abril de 2014

Restos de ti.

Como guitarrista te acordaras de las curvas de mi guitarra española, y de los acordes de mi voz, que cada mañana te daban los 'buenos días'. Ya no sentirás tu camiseta mojada por lágrimas ajenas. Bueno, ajenas no, mías. Y mis abrazos ya no acabaran con tu frío. Aunque no creo que vivas un invierno eterno, como el mío. Porque tú eras mi amor de verano, pero yo te quería para todo el año. Eras mi verano constante. Tus besos como huellas en mi piel, dejaban un rastro de amor por mi cuerpo. Abrazos con 'te quiero' al oído, y no tan al oído. O convertirte en carnívoro, y morderte el cuello como un buitre que busca los restos del deseo. Deseo de pasar cada segundo a tu lado. 
Sabía que lo bueno no duraba, pero quería volver a ser niña y creer en los imposibles. Eras mi sabor de helado favorito, ojos de miel y pelo de chocolate, con un extra de azúcar en tu lengua. Pero tú mi helado, yo su "dueña" (si se puede decir así), pero la que me derretía al probarte era yo. No necesitaba el calor del sol veraniego, solo una de tus sonrisas. Como en un mundo paralelo, como el País de las Maravillas, y yo como Alicia, descubriendo cada día una sorpresa de nuestro 'nosotros'. Mas bien de mi 'nosotros' y tu 'nosotros'. Eran diferentes y contrarios. Quizás por eso aguantaron juntos un tiempo, hasta que chocaron tanto que rompieron la pieza que los unía. 
Acabamos siendo el puzzle de mil piezas que de queda por acabar, ya sea por dejadez o por la pérdida de algunas fichas. Pero fue divertido mientras lo construíamos. Sobretodo cuando conseguíamos formar alguna imagen nítida, que nos besábamos y se me aceleraba el corazón, y tu me apartabas y me clavabas la mirada en todo mi ser. Y bueno, el resto ya te lo sabes.
Lo mejor de todo era nuestra poesía, en cualquier idioma, en el del sofá, el del baño, el de la cama, el de la playa, el de cada amanecer y atardecer. O como en un abrir y cerrar de ojos pasábamos del día a la noche, como dos locos, como dos enamorados. 
Y hablando de locuras, dejarme llevar por ti ha sido la peor, y a la vez la mejor. Me hipnotizaste con tu colonia, que luego odiaba. Prefería tu propio olor, el que me daba las buenas noches cuando la luna me sonreía. Ese olor que se quedaba en tus sudaderas de día y mis pijamas de noche. Para todo lo que trabajaban cobraban poco y no se quejaban. Pero tú les ofreciste una oferta mejor y se fueron contigo, y yo me quedé mirando como se iba lo que creía mío. Y no hablo de ellas, sino de ti. 
Me hiciste creer en los imposibles, pero luego, te fuiste, y empecé a odiarlos. Todo eso son cuentos chinos, que entretienen un rato, hasta que el que sabe que es mentira, encuentra un lector mejor y te deja sin final, sin saber como acaba la mejor historia que ha caído en tus manos. Los cuentos, cuentos son, y tú siempre serás mi historia sin acabar favorita. 

miércoles, 16 de abril de 2014

Brotes de nostalgia salpicados de euforia.

La mejor representación de la vida es un electrocardiograma, lleno de subidas y bajadas. No puede ser continuo, porque si dibuja una linea recta es que has muerto. 
Las pulsaciones en cada uno de nosotros son diferentes. Diferentes vidas, diferentes ritmos. No sabes en que momento el pulso caerá o se acelerará con algún te quiero. 
Puedes hacer de médico y hacer suposiciones de como será el estado del paciente en unos días o unas semanas, pero solo son eso, suposiciones, dejando actuar al destino. Como si de un aprendiz de mago se tratase, y que controla su sombrero en el que se acontecerá el truco, o eso se supone, porque entre paso y paso, ojea el libro de magia que tiene al lado. Unos golpes de varita sobre él, sí, buenos golpes. Sentimos cada uno de esas agitaciones que provoca, y oímos unas palabras extrañas que son las que dan paso a la magia, bueno, más bien al azar. El azar de elegir una opción o otra, ¿vainilla o chocolate?, ¿hoy o mañana?, ¿el de siempre o el de nunca?. 
¿Y si elige mal?¿y si elegimos mal? No sabremos nunca nada con certeza, pero todo para por algo, con algún fin, y tenemos que ver lo bueno de la situación porque lo negativo ya lo tenemos todos los días, en la sociedad, que no sabe ver otros colores que blanco, negro y gris. Debemos pintar nuestro día a día del rojo de nuestro corazón, del de nuestra sangre, rojo pasión. Pasión por vivir y amar. 

lunes, 7 de abril de 2014

La sal cura y escuece.

Conocerte fue mi mala suerte, y quizás por eso, hoy ya no tengo las mismas manías que contigo. Quizás ya no soy tan supersticiosa. Por qué cuando tu buena suerte pase a ser tu mala suerte, la que antes era mala ahora es tu mejor amiga. Has creado la antítesis, la perfecta copia contraria de la cadena de mi ADN. Has hecho que no quiera, lo que antes ansiaba, has hecho que deje de creer en mi principal creencia, que para mi ya no hayan suspiros, sino aullidos, que prefiera la noche al día. Has hecho que crea más en los finales que en los principios. Cuando entraste creí que te quedarías, pero llegó el viento y te arrastro por esa puerta que debería haber estado cerrada, pero no fue el caso, te aferraste al marco con todas tus fuerzas, dejando marcas que ni con barniz ni pintura se van, ni se irán, pero el aire fue más ansioso que tú. Te acabó echando y cerrando la puerta con pestillo y cerrojo, para que yo no corriera tras tu alma, que entonces aún creía viva. Desde entonces odio las tardes ventosas, hasta la brisa que refresca en verano me resulta molesta. Todo me resulta un huracán que, al fin y al cabo, estoy intentando cruzar, y por el cual sé que pasaré. Otra cosa es que lo haga sana y salva, y sin ninguna herida ni arañazo de por medio, como los de la puerta que sigue cerrada. 

Aunque aquel soplo quizás no quería matarme quitándote de en medio, a lo mejor solo quería salvarme de ti. Y cuando lo miro de esa manera voy a la playa, a sentir como aquel aire agita mi pelo, que bajo el sol de primavera brilla, y sentir las gotas, frías y saladas, rociar mi piel. Pero la sal, al igual que escuece, cura. Sana los arañazos que me provocaste. Para que algo cicatrice, primero tiene que doler, escocer, arder. Que tú quemes por dentro, grites, llores, sufras y superes. La vida está hecha para que te hieran y te cures, tú o los que te quieren. Tu sal y tu brisa marina. 


domingo, 23 de marzo de 2014

Abrazos inesperados a modo de cafés.

Un café con leche, o solo, o un chocolate caliente por las mañanas, el olor a pan recién horneado cuando pasas por delante de una panadería, un buen libro, una lluvia improvisada que te refresque la mente y te lave la cara, el placer al quitarte los tacones después de estar horas con ellos, ir descalzo por casa, bostezar, taparse con una manta los días más fríos de invierno, o darse un baño de agua fría en pleno verano. Pequeños instantes que hacen nuestra vida un poco más especial, pero ninguno de ellos se puede comparar con un abrazo, sea del tipo que sea. Como los que te dan por la espalda, sin que te los esperes; o los que te dan sin motivo, pero que te estrujan de una manera agradable, o los que te dan a modo de despedida, aunque tristes también son especiales. Lo importante es que te transmitan, que los sientas y que te hagan vibrar, que te tiemble todo el cuerpo y tu alma se sienta relajada.
O si un abrazo se te hace complicado, por los motivos que consideres, siempre puedes escribir. Sentarte frente a un papel y dejar viajar tu mente, dejando hablar a tu corazón por ti. Muchas veces daríamos lo que fuera por que nos llegara una carta diciendo lo que alguien siente o piensa de nosotros. Pero no solo con lo bueno o con lo malo, sino con ambas cosas.
Llegar a la conclusión que he llegado me ha costado varios días y varias conversaciones profundas con gente que realmente me importa., pero al fin puedo decir que ya lo veo todo claro. Yo propongo que, como a veces las palabra no salen, escribirles a las personas importantes, a nuestros pilares, por qué las necesitamos tanto, por qué las queremos y por qué son tan especiales. Los por qué son importantes, hay que argumentar nuestros sentimientos, y que los demás lo sepan. No hace falta que lo sepa medio mundo, pero sí esa persona correcta.
Me podréis llamar soñadora, o ilusa, o cursi, pero el hecho de tener escrito, ya sea a mano o a ordenador, todo lo que siento en momentos importantes de mi vida, me hace sentir bien. Una especie de diario, pero no tan externo, es decir, no tan superficial, sino en el que cuento mis sentimientos, lo que pienso en cada recuerdo bonito o no tan bonito. Porque seguro que a todos nos gustaría vivir de nuevo algunos instantes y sentirnos como entonces, y ya que por ahora no hemos inventado aún una máquina del tiempo, leer como nos sentíamos por algo, por alguien, o por nada, es una buena manera de meternos más en los recuerdos, de revivir todo lo que se pueda de aquel primer beso, de aquella tarde en el cine con las amigas, de conversaciones profundas, de caricias, de abrazos, de personas que van y que vienen.  
Las que se van y dejan marca nunca acaban de irse, nos dejan una parte de ellos en nosotros; y los que vienen nos aportan aire fresco, experiencias nuevas, futuro, esperanza y, lo más importante, sentimientos.






Buenas noches y feliz semana a todos.

sábado, 15 de marzo de 2014

La realidad irreal.

Vivir una vida que crees que es real y cuando las cosas empiezan a cuadrarte, descubrir que todo era mentira. Es una destrucción momentánea pero intensa. Que arde, más que el fuego en una hoguera de San Juan. Las llamas suben y suben, los sentimientos acaban en cenizas. Todo queda sumido en un gran vacío gris, el cual es más peligroso que las propias llamas, por que las llamas queman todo a su paso, lo que estaba vivo, pero el hueco que dejan es la representación de la muerte. Da pánico llegar a tal punto, pero si llegas no sé qué aconsejar para salir de él. Yo estoy aquí, sentada en medio de este desierto con principio pero sin fin, y no tengo la solución. Respiro hondo. El aire caliente me envuelve y dificulta cada inspiración. Los pulmones dejan escapar el soplo de sentimientos reprimidos. Mi corazón empieza a quejarse con latidos discontinuos.Cuando pienso se acelera, debido a la impotencia de no saber como salir, de no saber como he llegado a este lugar. 
Mis oídos captan un susurro, inesperado, diferente, pero conocido, es el inicio de la canción que escuchábamos el día que vino a recogerme, el día que lo cambió todo. No sé si él le estaba prestando toda la atención que se merecía, esa canción fue nuestra última canción juntos. Las notas recorrían mis oídos, atravesando mi cerebro y grabándose en mi corazón. 
Ahora la escucho más nítidamente, es un sonido claro que provoca lluvia. El tiempo en mis ojos empeora. Empieza levemente, con varias lágrimas que asoman tímidamente, pero acaba en una de las peores tormentas vividas en el tiempo que recuerdo. Pero necesito llorar, desahogarme de todo lo que me causa dolor, expulsar los recuerdos que como astillas, o más bien cuchillos, se introducen con más fuerza a medida que pasa el tiempo. 
Mis piernas se cobijan entre mis brazos, que como escudos intentan protegerme, hechos con un metal para nada frío, sino con un tipo diferente, uno que me da un calor parecido a sus abrazos, pero no lo consigue. Cuanto anhelo un abrazo, pero ninguno consigue quitarme esta pena, sólo el suyo.  Pero cuando la solución es el problema, la cosa se complica y aún se hace menos probable encontrar fino salida a aquel sitio en el que no quieres estar más tiempo. Tu mente es el peor recinto para pasar tanto tiempo, gris, frío, sólo. Sin él, pero luchando para ser más fuerte que tus sentimientos. Lo mejor ha sido acabar con aquello, te hacía daño, y es que las mentiras, y más de once meses, son las que más desmontan, las que más cambian. 

sábado, 8 de marzo de 2014

La urgencia de necesitarte.

Las idas y venidas nadie las remedia. De estar en lo más alto pasamos a caer sobre cemento duro, y nos estampamos, haciéndonos daño. Todo sería más fácil con un colchón, quizás así la caída sería hasta agradable. El problema a veces está más allá de encontrar un colchón, porque... ¿y si lo encuentras que pasa? Sí, ese soporte lo tendrás en caso de emergencia. Pero en ocasiones, sientes que necesitas ese blando cobijo, aunque no hayas caído. Es una emergencia, necesitas poder dormir, descansar, olvidarte de todo y dejar a tu mente vagar, soñar. Porque si lo que nos hace soñar, nuestro colchón, no está en los momentos que realmente son urgencias, urgencias de necesidad, de poder oler sus sábanas y que te rocen la piel a modo de caricia, es como si el colchón pasará a ser una cama de clavos oxidados. Oxidados por el paso de las urgencias sin solventar, sin estar presente. Yo ya sé quién es mi colchón, pero lo peor es que también es mi urgencia. "Quiero estar contigo, eso es todo."

lunes, 24 de febrero de 2014

Cada una de sus palabras retumban en mi cabeza, cada 'te quiero' que se grabó lentamente en las paredes de mi mente. Cuando la ropa me roza la piel recuerdo las dulces caricias que me regalaba al sonreír. Y lo peor es cuando siento frío, pero no hablo del frío del invierno que con abrigos y mantas desaparece, sino del que solo con sus abrazos se me pasaba, porque con ellos me sentía segura, segura de tenerlo, de que no estaba sola. Ahora tengo frío y miedo. Miedo de equivocarme, de que sí sea el momento, la persona y la situación. Miedo a que el destino no nos de otra oportunidad y de no volverme a sentir así, como cuando le conocí. También tengo miedo a que aparezca su adecuada o mi adecuado, porque en el fondo no quiero que aparezca, y quiero equivocarme con lo que pienso, con el hecho de que se de por vencido con lo nuestro, y que lo convierta en un suyo con la puerta abierta, pero no para mí. 
Si esto pasara no le podría culpar, todo habría sido mi culpa, mi decisión. Y si por el contrario, yo encuentro a mi adecuado, le prometo que nuestro 'nosotros' será solo nuestro, y que las vibraciones, momentos, ilusiones, lágrimas y recuerdos solo le pertenecerán a él y a mí; y nunca le cerraré la puerta, porque en mi vida siempre será bienvenido, querido y necesitado. Aún como amigo, seguro que me sigue sorprendiendo igual y me hará sentir diferente, especial, como solo él es capaz.

Ahora mismo el esquema que tenía sobre el amor se me ha roto, las lineas que unían las ideas se han borrado. Si hago memoria puedo alcanzar a recordar que mi ''teoría'' se basaba en que el amor verdadero solo aparece una vez , si tienes la suerte de poder darte cuenta de quien es, hay que luchar por estar juntos. 
¿Pero ahora que me cabe decir de mi mente y del lío que me llevo en ella? No lo sé, no sé nada, lo intento pero ahora yo misma estoy dividida y en posiciones opuestas. En un 'bando' están los recuerdos, los besos, las caricias,... todo lo que un día compartimos, y el el otro, las dudas, el no sentirme como antes, el no entender como actúa en ocasiones,... El primero me dice que deje de lado todo lo malo y que me aferre a lo bueno, pero no me puedo engañar y cubrir mis ojos con la venda de la ignorancia, porque con eso no solo me engaño a mí misma, sino que a él también. 
A día de hoy no sé que será de nosotros, pero creo estar haciendo lo correcto para ambos. Solo quiero que sea feliz, bueno, que seamos felices, tengo que pensar un poco en mí. Aunque ahora él no crea que pueda superarlo, yo puedo afirmar con d¡certeza que lo hará, y lograremos ser amigos y, a partir de ahí, que el tiempo decida.

sábado, 1 de febrero de 2014

Mariposas de arcoiris.

Ayer vi una mariposa y me acordé de ti. Tenía unas grandes alas con colores llamativos, que abiertas dibujaban una figura extraña, y que a mi saber es para asustar a sus enemigos, pero seguía siendo delicada, frágil. 
Me recordó a tu forma de ser, intentas que te vean fuerte pero por lo que quieres sufres. 
Esa mariposa me llevó más de dos pensamientos. Me transmitió esa sensación que solo tú logras provocarme, la que siento cuando estoy contigo. Se parece a la adrenalina que sientes en la caída libre al estar arriba del todo, parado, observando el horizonte, imaginando que habrá más allá de esa línea que tus ojos alcanzan a ver, sientes calma y curiosidad, pero a la vez miedo para ver cuando te sueltan y caes, pero aquí yo no asocio caer con una experiencia negativa, mas bien al contrario, es la sensación de volar, de ser libre, pero sabiendo que estás sujeto bien fuerte y que no te caerás, esa sujeción eres tú, y la sensación de volar la tengo con tan solo pensar en ti, así que imagínate cómo me siento cuando me besas, abrazas, acaricias, o me dices esos te quiero que solo tu sabes pronunciar con de un modo que logren cambiar mis pensamientos sobre la existencia del amor, y, al oírlo, deje todas mis creencias de lado para centrarme exclusivamente en poder hacerte sentir la mitad de lo que tú me haces sentir a mi.  

"El pasado de los sueños..."

El tiempo es el único que te hará valorar las cosas. En el momento que las vives no te das cuenta de lo afortunada que eres, pero luego, al cabo de días, meses o años, empiezas a ver que nada se repite de la misma manera, aunque intentes imitar el momento, la persona, el lugar o la situación, no lo conseguirás, porque cada momento es único, ya sea malo o bueno y al levantarnos cada mañana tenemos que tener claro que lo que ocurra ese día ya no volverá a suceder, ya sea para bien o para mal, nada en nuestra vida será exactamente igual. Porque aunque sea la misma situación, puedes sentirte diferente o sentirte igual pero que sea otro lugar u otra persona. Tenemos que amar los recuerdos, porque con ellos se montan nuestros sueños. 
Y hablando de sueños, todos hablan de ellos solo en tiempo futuro, sin mencionar el gran papel que desarrolla el pasado. Cuando nombro al pasado de los sueños, hago referencia a lo que ya hemos hecho realidad y nos ha hecho sentir de determinadas maneras, desde emocionados o sorprendidos, hasta tristes o solos. Esos sentimientos van formando en nosotros unos "sueños" que son metas y maneras por las cuales conseguir volvernos a sentir como recordamos sentirnos, por ejemplo, aquella vez que fuimos al parque de atracciones con nuestros padres y teníamos mucho miedo a subir a la montaña rusa, pero que al final nos atrevimos a subir, porque como alguien dijo alguna vez:"la curiosidad mató al gato" , y agarrados al enorme brazo de nuestro padre llegó el momento que más temíamos, pero que acabamos adorando, el descenso de la montaña rusa, creíamos que moriríamos, y no nos equivocábamos, morimos y disfrutamos al darnos cuenta de la sensación de volar que habíamos adquirido. La emoción de sentirnos libres de aquel momento es lo que a veces buscamos con nuestros sueños de futuro. Por eso el pasado tiene más influencia en nuestros sueños, porque estos están basados en evitar o repetir la sensación ya vivida. Con esta reflexión solo quería llegar a que debemos valorar más nuestro pasado y pensar más en él, porque de esta manera el futuro será más fácil de afrontar y mucho más prospero.