Ayer fui a pasear por las calles en las que éramos felices. Reíamos, nos cogíamos de la mano, nos mirábamos, llorábamos y nos besábamos. Que recuerdos.
¿Y sabes qué? Ayer encontré un trozo de corazón entre las hojas marchitas.
Pasé por delante de un bar donde unos amigos tomaban unas cañas después del curro. Hablaban del partido de fútbol del fin de semana y de la chica que estaba tras la barra. Yo hablo conmigo sobre el partido que perdí contigo.
Vi a unos niños que jugaban al escondite en el parque. Yo no juego, yo vivo escondida intentando que el amor no me vuelva a cazar.
Unos ancianos iban cogidos de la mano, y se les notaba el cariño en cada paso. Las grandes historias están en la calle, no tras las pantallas. No fuimos gran novela, nos parecimos más al cuento de Caperucita y el lobo, ahora sí, somos historia (de no soñar).
Un perrito perseguía una paloma como tú no pisaste por dónde yo me fui. ¿Sabes qué? Te esperaba. Esperaba que me frenaras o pronunciaras alguna palabra que me impidiera seguir, pero solo oí silencio.
Cuando comprobé si seguías allí, solo vi, en tu lugar, las fotos en blanco y frío de nuestras líneas con tinta corrida y mala letra.
No me encuentres más, quiero ser sola.

