Un café
con leche, o solo, o un chocolate caliente por las mañanas, el olor a pan
recién horneado cuando pasas por delante de una panadería, un buen libro, una
lluvia improvisada que te refresque la mente y te lave la cara, el placer al
quitarte los tacones después de estar horas con ellos, ir descalzo por casa,
bostezar, taparse con una manta los días más fríos de invierno, o darse un baño
de agua fría en pleno verano. Pequeños instantes que hacen nuestra vida un poco
más especial, pero ninguno de ellos se puede comparar con un abrazo, sea del
tipo que sea. Como los que te dan por la espalda, sin que te los esperes; o los
que te dan sin motivo, pero que te estrujan de una manera agradable, o los que
te dan a modo de despedida, aunque tristes también son especiales. Lo
importante es que te transmitan, que los sientas y que te hagan vibrar, que te
tiemble todo el cuerpo y tu alma se sienta relajada.
O si un
abrazo se te hace complicado, por los motivos que consideres, siempre puedes
escribir. Sentarte frente a un papel y dejar viajar tu mente, dejando hablar a
tu corazón por ti. Muchas veces daríamos lo que fuera por que nos llegara una
carta diciendo lo que alguien siente o piensa de nosotros. Pero no solo con lo
bueno o con lo malo, sino con ambas cosas.
Llegar
a la conclusión que he llegado me ha costado varios días y varias conversaciones
profundas con gente que realmente me importa., pero al fin puedo decir que ya
lo veo todo claro. Yo propongo que, como a veces las palabra no salen,
escribirles a las personas importantes, a nuestros pilares, por qué las
necesitamos tanto, por qué las queremos y por qué son tan especiales. Los por
qué son importantes, hay que argumentar nuestros sentimientos, y que los demás
lo sepan. No hace falta que lo sepa medio mundo, pero sí esa persona correcta.
Me
podréis llamar soñadora, o ilusa, o cursi, pero el hecho de tener escrito, ya
sea a mano o a ordenador, todo lo que siento en momentos importantes de mi
vida, me hace sentir bien. Una especie de diario, pero no tan externo, es
decir, no tan superficial, sino en el que cuento mis sentimientos, lo que
pienso en cada recuerdo bonito o no tan bonito. Porque seguro que a todos nos
gustaría vivir de nuevo algunos instantes y sentirnos como entonces, y ya que por
ahora no hemos inventado aún una máquina del tiempo, leer como nos sentíamos
por algo, por alguien, o por nada, es una buena manera de meternos más en los
recuerdos, de revivir todo lo que se pueda de aquel primer beso, de aquella
tarde en el cine con las amigas, de conversaciones profundas, de caricias, de
abrazos, de personas que van y que vienen.
Las que
se van y dejan marca nunca acaban de irse, nos dejan una parte de ellos en
nosotros; y los que vienen nos aportan aire fresco, experiencias nuevas,
futuro, esperanza y, lo más importante, sentimientos.
Buenas
noches y feliz semana a todos.

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