sábado, 27 de diciembre de 2014

Dís 28: herida x.

Y estos son los momentos en los que quiero más. Quiero que alguien se sepa mis marcas de nacimiento, o los lunares que tengo en el hombro izquierdo que pueden convertirse en una sonrisa con tan solo un rotulador. Que consigan dibujarme esa sonrisa con tan solo mirarme, y que me hagan sentir más siendo que tocando. Siendo conmigo, siendo a mi lado, siendo en mi, siendo en cualquiera de sus variantes utilizando la primera persona del plural, y mejor en presente, porque el pasado pesa y el futuro agobia. 
Quiero subir escalones y tropezarme. Caerme en su pecho y suspirar. Que me diga que todo irá bien, convencido, aunque ni él mismo se lo crea. Poder confiar y no morir en el intento, y si fallo que sea una apuesta, y que sea un beso lo que está en juego. 
Quiero mirar y perderme quieta. Que me mire y explotar por dentro como fuegos artificiales a las cinco de la mañana. Sentir el aire de un huracán y la altura de un rascacielos, y poder saltar sin paracaídas. Quiero poder arriesgar aún sabiendo que voy a perder, porque por amor hay que darlo todo, incluso los restos que creías inútiles de tu corazón. 
Quiero caminar descalza por su carretera, aunque hayan cristales rotos de las botellas que nos bebimos mientras discutíamos el precio de las despedidas. 
Quiero despedirme sabiendo que voy a volverle a ver. No de la misma manera, pero sí con el mismo espíritu. Quizá con unas margaritas en la mano, plantado en una estación de tren, o en un aeropuerto. O quizá con los pelos sin orden, porque esa noche han pasado de las normas que te imponen en el colegio. Me da igual el formato en el que venga y el decorado de la caja, pero eso sí, que lo de dentro sea auténtico.
Realmente, solo quiero querer y, a poder ser, que me quieran.

jueves, 18 de diciembre de 2014

Dominó.

Tenías la ternura de un niño en el brillo de tus ojos, y tu sonrisa era más bonita que el cielo nocturno visto desde el bosque más oscuro, con sus mil estrellas, con sus mil luces. Menos de las que tú me hacías ver cuando me abrazabas.
Solo sonreías conmigo, aunque yo estuviera del revés, en el sofá que tanto formó parte de nosotros.
Se puede decir que no río con facilidad, pero contigo no eran ríos, eran océanos los que me provocabas a cosquillas. Y mejor no hablar de las tempestades que pasé bajo tu pecho.
Surgiste de la nada, y resurgiste, pero como todo en la historia de la humanidad, acabas, tienes fin, o, más bien, te lo crean. Como el Titanic y su iceberg, como la Atlántida y su tsunami.
La vida es un continuo caer y levantarse. Alguien tiró la primera pieza de dominó, y aún no han dejado de desplomarse, pero aunque aplasten sin piedad, como el amor, hay que limpiarse el polvo y ponerse en pie, y lo mejor es que eso significa que habrás sumado puntos en el juego de la vida.
Cae, levántate y sigue sin mirar atrás, ese es el truco.