miércoles, 16 de abril de 2014

Brotes de nostalgia salpicados de euforia.

La mejor representación de la vida es un electrocardiograma, lleno de subidas y bajadas. No puede ser continuo, porque si dibuja una linea recta es que has muerto. 
Las pulsaciones en cada uno de nosotros son diferentes. Diferentes vidas, diferentes ritmos. No sabes en que momento el pulso caerá o se acelerará con algún te quiero. 
Puedes hacer de médico y hacer suposiciones de como será el estado del paciente en unos días o unas semanas, pero solo son eso, suposiciones, dejando actuar al destino. Como si de un aprendiz de mago se tratase, y que controla su sombrero en el que se acontecerá el truco, o eso se supone, porque entre paso y paso, ojea el libro de magia que tiene al lado. Unos golpes de varita sobre él, sí, buenos golpes. Sentimos cada uno de esas agitaciones que provoca, y oímos unas palabras extrañas que son las que dan paso a la magia, bueno, más bien al azar. El azar de elegir una opción o otra, ¿vainilla o chocolate?, ¿hoy o mañana?, ¿el de siempre o el de nunca?. 
¿Y si elige mal?¿y si elegimos mal? No sabremos nunca nada con certeza, pero todo para por algo, con algún fin, y tenemos que ver lo bueno de la situación porque lo negativo ya lo tenemos todos los días, en la sociedad, que no sabe ver otros colores que blanco, negro y gris. Debemos pintar nuestro día a día del rojo de nuestro corazón, del de nuestra sangre, rojo pasión. Pasión por vivir y amar. 

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