sábado, 15 de marzo de 2014

La realidad irreal.

Vivir una vida que crees que es real y cuando las cosas empiezan a cuadrarte, descubrir que todo era mentira. Es una destrucción momentánea pero intensa. Que arde, más que el fuego en una hoguera de San Juan. Las llamas suben y suben, los sentimientos acaban en cenizas. Todo queda sumido en un gran vacío gris, el cual es más peligroso que las propias llamas, por que las llamas queman todo a su paso, lo que estaba vivo, pero el hueco que dejan es la representación de la muerte. Da pánico llegar a tal punto, pero si llegas no sé qué aconsejar para salir de él. Yo estoy aquí, sentada en medio de este desierto con principio pero sin fin, y no tengo la solución. Respiro hondo. El aire caliente me envuelve y dificulta cada inspiración. Los pulmones dejan escapar el soplo de sentimientos reprimidos. Mi corazón empieza a quejarse con latidos discontinuos.Cuando pienso se acelera, debido a la impotencia de no saber como salir, de no saber como he llegado a este lugar. 
Mis oídos captan un susurro, inesperado, diferente, pero conocido, es el inicio de la canción que escuchábamos el día que vino a recogerme, el día que lo cambió todo. No sé si él le estaba prestando toda la atención que se merecía, esa canción fue nuestra última canción juntos. Las notas recorrían mis oídos, atravesando mi cerebro y grabándose en mi corazón. 
Ahora la escucho más nítidamente, es un sonido claro que provoca lluvia. El tiempo en mis ojos empeora. Empieza levemente, con varias lágrimas que asoman tímidamente, pero acaba en una de las peores tormentas vividas en el tiempo que recuerdo. Pero necesito llorar, desahogarme de todo lo que me causa dolor, expulsar los recuerdos que como astillas, o más bien cuchillos, se introducen con más fuerza a medida que pasa el tiempo. 
Mis piernas se cobijan entre mis brazos, que como escudos intentan protegerme, hechos con un metal para nada frío, sino con un tipo diferente, uno que me da un calor parecido a sus abrazos, pero no lo consigue. Cuanto anhelo un abrazo, pero ninguno consigue quitarme esta pena, sólo el suyo.  Pero cuando la solución es el problema, la cosa se complica y aún se hace menos probable encontrar fino salida a aquel sitio en el que no quieres estar más tiempo. Tu mente es el peor recinto para pasar tanto tiempo, gris, frío, sólo. Sin él, pero luchando para ser más fuerte que tus sentimientos. Lo mejor ha sido acabar con aquello, te hacía daño, y es que las mentiras, y más de once meses, son las que más desmontan, las que más cambian. 

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