Como guitarrista te acordaras de las curvas de mi guitarra española, y de los acordes de mi voz, que cada mañana te daban los 'buenos días'. Ya no sentirás tu camiseta mojada por lágrimas ajenas. Bueno, ajenas no, mías. Y mis abrazos ya no acabaran con tu frío. Aunque no creo que vivas un invierno eterno, como el mío. Porque tú eras mi amor de verano, pero yo te quería para todo el año. Eras mi verano constante. Tus besos como huellas en mi piel, dejaban un rastro de amor por mi cuerpo. Abrazos con 'te quiero' al oído, y no tan al oído. O convertirte en carnívoro, y morderte el cuello como un buitre que busca los restos del deseo. Deseo de pasar cada segundo a tu lado.
Sabía que lo bueno no duraba, pero quería volver a ser niña y creer en los imposibles. Eras mi sabor de helado favorito, ojos de miel y pelo de chocolate, con un extra de azúcar en tu lengua. Pero tú mi helado, yo su "dueña" (si se puede decir así), pero la que me derretía al probarte era yo. No necesitaba el calor del sol veraniego, solo una de tus sonrisas. Como en un mundo paralelo, como el País de las Maravillas, y yo como Alicia, descubriendo cada día una sorpresa de nuestro 'nosotros'. Mas bien de mi 'nosotros' y tu 'nosotros'. Eran diferentes y contrarios. Quizás por eso aguantaron juntos un tiempo, hasta que chocaron tanto que rompieron la pieza que los unía.
Acabamos siendo el puzzle de mil piezas que de queda por acabar, ya sea por dejadez o por la pérdida de algunas fichas. Pero fue divertido mientras lo construíamos. Sobretodo cuando conseguíamos formar alguna imagen nítida, que nos besábamos y se me aceleraba el corazón, y tu me apartabas y me clavabas la mirada en todo mi ser. Y bueno, el resto ya te lo sabes.
Lo mejor de todo era nuestra poesía, en cualquier idioma, en el del sofá, el del baño, el de la cama, el de la playa, el de cada amanecer y atardecer. O como en un abrir y cerrar de ojos pasábamos del día a la noche, como dos locos, como dos enamorados.
Y hablando de locuras, dejarme llevar por ti ha sido la peor, y a la vez la mejor. Me hipnotizaste con tu colonia, que luego odiaba. Prefería tu propio olor, el que me daba las buenas noches cuando la luna me sonreía. Ese olor que se quedaba en tus sudaderas de día y mis pijamas de noche. Para todo lo que trabajaban cobraban poco y no se quejaban. Pero tú les ofreciste una oferta mejor y se fueron contigo, y yo me quedé mirando como se iba lo que creía mío. Y no hablo de ellas, sino de ti.
Me hiciste creer en los imposibles, pero luego, te fuiste, y empecé a odiarlos. Todo eso son cuentos chinos, que entretienen un rato, hasta que el que sabe que es mentira, encuentra un lector mejor y te deja sin final, sin saber como acaba la mejor historia que ha caído en tus manos. Los cuentos, cuentos son, y tú siempre serás mi historia sin acabar favorita.

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