Hay ocasiones en las que prefieres gritar, reír, llorar, vivir, escribir o transcurrir solo. Te das media vuelta y te hablas a tu yo interno. Te acabas creando un hueco en el que guardas todas tus opresiones externas, te coartas a callarte, a no expresarte, porque en algunos momentos no merece la pena mostrar esa parte de ti.
Somos conscientes de que hablarlo con el espejo no nos va a resolver esas dudas, problemas o frustraciones, pero no las exteriorizamos porque cada una de ellas es un acertijo que solo sabe la respuesta una persona determinada, y no es tan fácil como hablar con ella. Frecuentemente no debemos. Fuerza mayor para no hacerlo, aunque podamos.
Saber como te sientes a veces no es la mayor duda, aún más grande es saber qué te pasa y no saber cómo actuar. Cuando analizamos un problema y vemos todas sus opciones, observamos todos sus pros y contras, pero aún así somos incapaces de decidir. No todo se limita a escoger la correcta, porque eso es un término muy subjetivo. ¿Y cuál es la decisión correcta? ¿La que nos hará sentirnos mejor aunque no debamos, o la que debemos pero nos mantendrá las mismas lagunas emocionales?
Algunos diréis que la primera opción es la mejor (al menos yo, de buenas a primeras, lo diría), porque los sentimientos van por delante del deber, pero hay veces que no puedes hacer lo que te devolverá la respiración. No puedes crearte tus alas cortándoselas a otro, (o por lo menos, no por segunda vez fallida).
Es cierto que de los errores se aprende. A mirar antes de cruzar la calle, a veces para asegurarse que pasa un coche y tirarnos, y otras para pasar con vida al otro lado. El aprendizaje no siempre es bueno, a veces envenena partes de ti.
Para los que habéis escogido la segunda, tengo que decir que en estos instantes pienso así (aunque no sepa la respuesta a la misma pregunta que he formulado yo). Si quieres a alguien, deja que se vaya, él ya decidirá si quedarse o no. Pero si le echas no pidas que vuelva, aunque ya no compartáis auriculares y besos, porque tú le has echado y él se ha ido porque te quiere ver feliz, así que lo más justo es que le dejes ser feliz ahora a él.
Las preguntas, al fin y al cabo, nos las ponemos nosotros, y suelen no tener respuesta, aunque a veces lo mejor es el tiempo. O bien para encontrar solución o para borrar los interrogantes.