miércoles, 23 de septiembre de 2015

Solo eso: Nada.

A los inocentes, 
a los indecentes. 
A los que saben jugar, 
y a los que se unen sin saber. 
Y todo viene dado por el azar 
o por el destino
que entrecruza caminos 
que sin saber cómo o por qué 
acaban en algo. 

Finales felices. 
Otros desastres 
que golpean por dentro 
y sangran en silencio. 
Porque hoy es de noche 
aunque el sol aún brille. 
Porque sin ti no es lo mismo
Porque te quiero más a ti que a mi
Y ahí está el verdadero problema. 

Me cohibe la realidad
que sin sentido me saluda 
y que a día de ya 
solo sabe mirar atrás 
y recordar
y llorar 
y se olvida de los abrazos, 
de tus sonrisas.

Porque hoy no puedo más, 
voy a estallar 
pero en ausencia de nadie, 
en suspiros propios,
en noches en vela 
en las que ardo más que duermo
y siento más que nunca. 
Siento todo lo que pasó, 
pero pedir perdón a la nada
es lo mismo que jugar a volver, 
y está claro que volveré a perder.
Porque ganar eres tú,
y tú ya no estarás.
¿Así que para qué fingir
que ya está todo bien, 
si cuando te veo me muero 
y cuando no también? 

jueves, 23 de abril de 2015

Creciendo.

Hoy desconecto un poco del mundo, un poco de ti. Aunque sea por un instante voy a volver a mi. 
Quizá han sido muy prematuras mis señales de aterrizaje sobre tu pecho, o he acelerado tanto mi motor que empieza a sufrir fallos técnicos por saltarme la revisión previa al despegue, por salir corriendo detrás de ti sin mirar por donde me lleva la esquina que giré por ti. 
Me has vuelto el sueño en hora de lectura, mi mente en plena hora punta de una ciudad que no duerme. Con los mil ejecutivos y sus cafés abrasando mi garganta, y sus reuniones de trabajo y mis poemas sin acabar, y gente de aquí para allá y mis cigarros a medio apagar, y pitidos y luces intermitentes, y señales de tráfico falsas. 
Me has dejado en medio de una ciudad con esquinas redondas, con rotondas sin salidas y con puertas cerradas y piernas abiertas. 
Un sitio sin olas que ver romperse contra las rocas, pero con sal para las heridas. 
Mucho ruido y poca música, mucha gente y pocas personas. Muchos metros cuadrados y pocos lugares acogedores. 
Me quería perder en un caos más evasivo. Me he encontrado con unas manos frías y unos ojos sin reflejo. Una pupilas vacías y una mente sin fondo. 

lunes, 13 de abril de 2015

'El beso del último otoño'.


De otoño se pinta las rayas el clima, y se pone colorete del color del viento. Necesita sonrojarse tanto como me sonrojo yo, por su frío y los abrazos que me dan para contrarrestarlo. 
Hace falta abrigarse un poco más cuando anda cerca para evitar la glaciación interna. Aunque hay gente que tiene piedra en vez de corazón, u órgano de viejo de anticuario, de los que chirrían por el paso de los daños. 
Sonidos que me recuerdan a los llantos silenciosos entre mi almohada y yo, yo y mi almohada.  Ella si que sabe escuchar, e insonorizar las verdades nocturnas que recito esperando a que amanezca.  
Interiorizamos y arriesgamos a abrir la herida mal curada. 
No quiero hablar de culpables, pero me lanzaste tú el cuchillo (y yo no me aparté). Verte sonreír era más efectivo que un calmante y un somnífero. Contigo creía que soñaba, pero de lo que no me daba cuenta era de la pesadilla en la que estaba. 
Al final he preferido vestirme de negro, y, pasear por los charcos de lágrimas ajenas mientras recuerdo, entre hojas secas, el beso del último otoño.

lunes, 9 de marzo de 2015

Arcadas.


Se me acumulan demasiados errores, voy a explotar. Las nauseas me vienen solo de ver lo mal que estoy ahora. Ahora ya no sirve emborracharse o pedir perdón. Tampoco llorar para desahogarse, ni gritar para calmarse. 
Me aprieta el alma, me ahoga la conciencia, me comprimen el estómago, me atan de brazos y piernas. Acabo de ser presa de mis propios fallos. 
No puedo decidir un color porque todo lo veo negro, y me estoy mareando de tanta caída. 
No pienso con claridad porque estoy apagada, no tengo ni luz artificial, ni natural, ni propia. 
La cabeza me va a estallar de tanto ir y venir, girar, saltar y rodar. Me maltrato psicológicamente para ver si así sufro menos con el pasado. 
A veces parece que mi corazón se de por vencido, que se declare en huelga. Para de bombear, o al menos eso pienso yo. Firma un pacto con el cerebro para que uno muera y el otro deje de llorar, pero mi cabeza lo acaba rompiendo porque no puede resistir la  ausencia de los únicos pañuelos que le secaban las lágrimas. 
Me encojo, como una bola de nieve, estoy igual de fría por dentro, igual de blanca por fuera. 
Solo quiero dormir, pero por favor, sin soñar. 

Breathe 💭


Hay ocasiones en las que prefieres gritar, reír, llorar, vivir, escribir o transcurrir solo. Te das media vuelta y te hablas a tu yo interno. Te acabas creando un hueco en el que guardas todas tus opresiones externas, te coartas a callarte, a no expresarte, porque en algunos momentos no merece la pena mostrar esa parte de ti. 
Somos conscientes de que hablarlo con el espejo no nos va a resolver esas dudas, problemas o frustraciones, pero no las exteriorizamos porque cada una de ellas es un acertijo que solo sabe la respuesta una persona determinada, y no es tan fácil como hablar con ella. Frecuentemente no debemos. Fuerza mayor para no hacerlo, aunque podamos. 
Saber como te sientes a veces no es la mayor duda, aún más grande es saber qué te pasa y no saber cómo actuar. Cuando analizamos un problema y vemos todas sus opciones, observamos todos sus pros y contras, pero aún así somos incapaces de decidir. No todo se limita a escoger la correcta, porque eso es un término muy subjetivo. ¿Y cuál es la decisión correcta? ¿La que nos hará sentirnos mejor aunque no debamos, o la que debemos pero nos mantendrá las mismas lagunas emocionales? 
Algunos diréis que la primera opción es la mejor (al menos yo, de buenas a primeras, lo diría), porque los sentimientos van por delante del deber, pero hay veces que no puedes hacer lo que te devolverá la respiración. No puedes crearte tus alas cortándoselas a otro, (o por lo menos, no por segunda vez fallida). 
Es cierto que de los errores se aprende. A mirar antes de cruzar la calle, a veces para asegurarse que pasa un coche y tirarnos, y otras para pasar con vida al otro lado. El aprendizaje no siempre es bueno, a veces envenena partes de ti. 
Para los que habéis escogido la segunda, tengo que decir que en estos instantes pienso así (aunque no sepa la respuesta a la misma pregunta que he formulado yo). Si quieres a alguien, deja que se vaya, él ya decidirá si quedarse o no. Pero si le echas no pidas que vuelva, aunque ya no compartáis auriculares y besos, porque tú le has echado y él se ha ido porque te quiere ver feliz, así que lo más justo es que le dejes ser feliz ahora a él. 
Las preguntas, al fin y al cabo, nos las ponemos nosotros, y suelen no tener respuesta, aunque a veces lo mejor es el tiempo. O bien para encontrar solución o para borrar los interrogantes. 



miércoles, 7 de enero de 2015

Con sabor a blanco roto.

Ayer fui a pasear por las calles en las que éramos felices. Reíamos, nos cogíamos de la mano, nos mirábamos, llorábamos y nos besábamos. Que recuerdos. 
¿Y sabes qué? Ayer encontré un trozo de corazón entre las hojas marchitas. 
Pasé por delante de un bar donde unos amigos tomaban unas cañas después del curro. Hablaban del partido de fútbol del fin de semana y de la chica que estaba tras la barra. Yo hablo conmigo sobre el partido que perdí contigo. 
Vi a unos niños que jugaban al escondite en el parque. Yo no juego, yo vivo escondida intentando que el amor no me vuelva a cazar. 
Unos ancianos iban cogidos de la mano, y se les notaba el cariño en cada paso. Las grandes historias están en la calle, no tras las pantallas. No fuimos gran novela, nos parecimos más al cuento de Caperucita y el lobo, ahora sí, somos historia (de no soñar). 
Un perrito perseguía una paloma como tú no pisaste por dónde yo me fui. ¿Sabes qué? Te esperaba. Esperaba que me frenaras o pronunciaras alguna palabra que me impidiera seguir, pero solo oí silencio. 
Cuando comprobé si seguías allí, solo vi, en tu lugar, las fotos en blanco y frío de nuestras líneas con tinta corrida y mala letra. 
No me encuentres más, quiero ser sola.