sábado, 8 de marzo de 2014

La urgencia de necesitarte.

Las idas y venidas nadie las remedia. De estar en lo más alto pasamos a caer sobre cemento duro, y nos estampamos, haciéndonos daño. Todo sería más fácil con un colchón, quizás así la caída sería hasta agradable. El problema a veces está más allá de encontrar un colchón, porque... ¿y si lo encuentras que pasa? Sí, ese soporte lo tendrás en caso de emergencia. Pero en ocasiones, sientes que necesitas ese blando cobijo, aunque no hayas caído. Es una emergencia, necesitas poder dormir, descansar, olvidarte de todo y dejar a tu mente vagar, soñar. Porque si lo que nos hace soñar, nuestro colchón, no está en los momentos que realmente son urgencias, urgencias de necesidad, de poder oler sus sábanas y que te rocen la piel a modo de caricia, es como si el colchón pasará a ser una cama de clavos oxidados. Oxidados por el paso de las urgencias sin solventar, sin estar presente. Yo ya sé quién es mi colchón, pero lo peor es que también es mi urgencia. "Quiero estar contigo, eso es todo."

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