sábado, 13 de julio de 2013

Abuela.

Quizás mañana la veré.
Ya me gustaría a mí que me pasara eso. ¿hace cuánto que no la veo? desde que se fue tan lejos, ¿un año, dos, tres? Cómo la echo de menos. Todos aquellos recuerdos rondan por mi cabeza como si fuese ayer, cuando me enseño a silbar, a nadar, a sonreír. Ya no es lo mismo.
Pero he de decir que siempre la llevo conmigo, ya que siempre me pongo su colgante preferido y la recuerdo todos los días.
Cómo es de esperar, otra lágrima rodará por mi mejilla, otro recuerdo fugaz pasará por mi cabeza, miraré al cielo y sonreiré, sé que me estás viendo. Pasaré contigo toda la tarde, te contaré como me ha ido, qué es de mi vida y confesaré todos mis secretos. Y como todos los años me iré sin un abrazo tuyo, sin ningún beso en la nariz, sin tu mirada seria pero infantil y sin tu abrazo.
Y no entiendo porque, pero las mejores personas siempre son las que primero se van, a lo mejor es porque allí estarán mejor, pero eso no me va a derrumbar, no me va a entristecer, intentaré ser lo más fuerte posible por ti, como tú me enseñaste.
Para mí siempre serás más que una consejera, una amiga, incluso una madre.
Aunque la distancia nos separe, nuestros corazones siguen juntos, pero con una sola frase, lágrima o recuerdo no puedo expresar cuánto te echo de menos.
Te quiere, te extraña y te piensa, tu querida nieta.

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